CAP MANCHÉ Y LA ESMERALDA LEGENDARIA I-3 Y I-4

 

Míster Weevil l escribe a su amigo Franck  Cockroach, quien es un gran empresario gringo en Bogotá, solicítándele que le ayude en el plan que ha fraguado para encotrar La Esmeralda Legendaria. Se narra la llegada de Mr Weevil y su séquito a Colombia, y se da cuenta de las peripecias para lograr el contrato del Plan Maestro, con el fin de financiar su expedición al Amazonas.

 

I-4.

Estimado amigo, míster Franck Cockroach. Bogotá. Después de un largo tiempo me he atrevido a escribirte, confiado y seguro de que te encuentras bien al lado de los tuyos por allá, en esas tierras tan apartadas e incivilizadas, diría yo. Ya sé que se te estará haciendo extraño que yo haya tomado tal decisión, y hasta me atrevo a pensar que puedes estar reprochándome el no haberte escrito desde hace mucho tiempo. Pero, como puedes verlo, no es que valga la constancia y la perseverancia. Yo nunca me he olvidado de ti, pues siempre he tenido un momento a diario para recordarte, estimado Franck. Y no te sonrías maliciosa e incrédulamente, que estoy diciéndote la verdad. Creo que también te pasa lo mismo, pues tú tampoco nunca me has escrito, a pesar de que tienes mi dirección en esta convulsionada Nueva York. Desde hace un par de años, cuando viniste, y que nos tomamos unos buenos tragos y que departimos, como cuando éramos mucho más jóvenes, no hemos tenido la grata oportunidad de comunicarnos, y creo que muy a pesar mutuo. Pero ya entiendo, los negocios, la cotidianidad, el ajetreo, en fin, un mundo de cosas más. Ah, y pensar que me insinuaste que me fuera a Colombia, y yo rechacé cualquier insinuación tuya porque veía mi porvenir, mi mejor futuro en otras latitudes más cultas y civilizadas como Europa, querido Franck; pero ya veo cuánto se equivoca el ser humano, afortunadamente, para todo hay remedio cuando se quiere. Realmente fracasé en mis intentos de hacer algo grande y positivo. Claro está que uno no tiene la culpa, siempre y cuando se proponga hacer las cosas, así no le salgan como es de esperarse. Pero, ¿sabes algo, Franck? Creo que estabas en lo cierto, y yo nunca quise ver absolutamente nada. Hay que buscar el porvenir en donde verdaderamente se pueda, me dijiste aquella vez, y yo me hice el sordo y el desprevenido. He tenido el tiempo suficiente para darte plenamente la razón, digo que he tenido el tiempo suficiente, además de las experiencias; porque, eso sí, para aprender a levantarse hay que primero caerse, o para comer hay que, primero, tener hambre antes.

 

Nunca me acostumbro a lamentarme de lo que ha pasado; me lamentaría si alguna vez me sintiera frustrado definitivamente, derrotado, sin ganas de seguir batallando, y yo sé que quien bien batalla, bien gana, y entre más fuerte sea la guerra, más glorioso será el triunfo. Ah, Franck, y pensar que juntos, además de compartir nuestras vidas, también compartimos nuestros ideales, y que después de haber pasado los dos mucho tiempo, nos separamos, solamente por pequeñas discrepancias, pero siempre hemos sido buenos amigos. No creas que me esté lamentando, solamente estoy recordando. Y no dudo al creer que en el momento en que nos encontremos, me tratarás con esa amistad de siempre. Es verdad que a ratos he sido un necio, pero también un desafortunado, pero tengo el valor suficiente para dar gracias al destino por todo lo que me ha dado, el talento y la perseverancia. Eso me llena de satisfacción, de orgullo, al sentir a mi gran amigo prácticamente en la cúspide de sus anhelos, de su meta previamente fijada. Y sé que te lamentas de que yo no te haya podido acompañar hasta donde tú estás en este momento. Eso lo sé por todo lo que fuimos, por lo que tratamos de gozar la vida de jóvenes que deseaban forjarse su propio destino. Así que cuando me contaste que te ibas para el sur, con la compañía esa tan importante, como un simple muchacho, me espanté y encontré que era imposible que tú, Franck Cockroach, te fueras a meter en semejante cosa. Y hasta casi me burlé, tú, un Cockroach, de muchacho por allá en ese país desconocido, selvático, en donde lo único, eso creía yo hasta hace muy poco, que se podía hacer era coger frutas y hacer la minería, y no otra cosa. Imagínate, dejar tu hogar, bueno y cómodo, en donde nada te faltaba, para irte a exponer en tierras lejanas e ignotas. Y lo peor, sin un dólar en el bolsillo, y detrás de un futuro que se me hacía borrascoso, insondable y difícil. Te creí un fracasado. Y de nada me valían tus argumentos; decías que no importaba, que allá se podían hacer muchas cosas grandes, porque se nos considera una raza superior, semidioses, y nosotros mandábamos, pero, créeme, a mí no se me hacía mucha gracia mandar a unos indiecitos. Ese fue mi error, mirar más hacia la gente que  hacia sus riquezas; en cambio tú sí pensaste como se debe pensar de verdad. Tú sabías a qué te ibas, y no te importó que te tocara sufrir, sí, después de todo, te ibas a hacer un futuro sólido y seguro. Ya sé que te hiciste a tus buenos ahorros, escalaste posiciones dentro de la compañía. Te hiciste valer. Aplicaste el poder que nuestra raza genera. Y ahí estás, ¡picho en dólares! Con tu compañía, con mucho dinero en los bancos suizos, con mansiones en Colombia, con palacios para tu familia en Miami, en los Ángeles… en fin. Con el apartamento de negocios aquí en Nueva York. En fin, todo lo que un gran hombre de mundo merece tener. Tu avión particular para pasearte por el mundo. Tu residencia palaciega en Cartagena de Indias. Y eso con tus tesoros materiales, porque de los espirituales, ni hablar. Una persona de grandes influencias, un financista de respeto, que sólo mueve un dedo para mandar. En fin, un digno y gran representante de nuestra grandiosa nacionalidad, un forjador completo de las doctrinas que nos dan gloria y poder, que nos hacen respetados en todo el mundo como los ciudadanos de la nación más poderosa del orbe. Porque en verdad que no hay acto en el mundo que no esté sometido a la vigilancia y a la opinión, digo opinión por ser más disimulado, de la Casa Blanca y del Pentágono. Es ahí donde me doy cuenta de lo grande que somos. No es solamente el poder militar; porque, ¿para qué sirve el poder militar cuando no se tiene un poder político y económico? Ves, lo voy entendiendo todo, Franck. Tú, como tantos y tantos otros, lo has demostrado, lo estás demostrando. Bueno, estimado Franck, no quiero ponerme aburrido con mi retahíla, porque sé que muy pronto tendremos la oportunidad de conversar largo y tendido, de compartir, como discutir nuestras respectivas opiniones. Imagínate que después de mucho tiempo, he decidido fijarme, poner mis ojos, como se dice, en aquellas tierras, que ya no deben ser como antes, porque es mucho lo que se les ha ayudado con nuestra mano. Ya sé que estás haciendo cara de asombrado, Franck, y hasta exclamarás, pero William Weevil por aquí. Pero realmente he descubierto que no hay actitud que verdaderamente tenga sus sorpresas, porque en esta vida todo es posible. Me han quedado por aquí algunos dolarcitos, y me gustaría invertir en donde sí se puede capitalizar sin riegos de ir a perder. Claro que los dolarcitos serían los que la casita, modesta y todo, me pueda dejar con su venta. Con esa platica pienso viajar hasta ese país. Es por eso que me estoy comunicando contigo rápidamente, con el propósito de que me hagas el favor de ayudarme, estimado Franck. Y te estoy siendo sincero, en realidad ahora necesito de tu colaboración, que sé que como gran amigo que eres, estarás dispuesto a brindarme sin cortapisa alguna. Tú podrías conseguirme la manera de hacer algo productivo en aquellas tierras; con tu apoyo, muchas cosas se podrían lograr. Ya estoy harto de emprender esas aventuras que fueron un fracaso. Quiero dedicarme a algo muy serio. Sé que para ti es muy fácil ayudarme, acomodarme en cualquier rinconcito, mientras empiezo a levantar vuelo. No quiero quedarme más aquí en Nueva York, pues algo interior me dice que mi destino está lejos. Es el espíritu emprendedor de aventurero que me impulsa. Ya intenté hacerlo aquí, trabajando con la compañía de seguros. Pero, para qué mentir, allí no tenía garantías y el camino que yo deseo, no se me mostraba propicio ni claro. Así que desistí, metiéndome en algo que tampoco me dio resultado, como lo fue el viaje a España. Pero, en fin, en esta vida hasta los fracasos enseñan. Me siento prisionero, sin destino aquí. Por eso hay que ir a buscarlo a donde a uno lo respetan, lo quieren y le obedecen. Con esa gente es muy fácil surgir, claro que con esto no te estoy diciendo que fuiste un simple afortunado, sino un gran luchador, mi querido amigo Franck. Esta vez estoy muy confiado y, más, contando con tu ayuda; porque, recuerda, que antes lo que los dos nos proponíamos, nos salía al dedillo. Eso, para mí, nunca se podrá olvidar, por lo cual me siento muy confiado y con garantía, querido Franck. Por último, me resta esperar tu respuesta, en donde me aconsejarás qué debo hacer para emprender este viaje, y muy pronto estar a tu lado, departiendo con el amigo de siempre. Así, Franck, que desde este mismo instante estaré esperando con ansiedad tus indicaciones, y espero que me sepas perdonar, aunque entre verdaderos amigos nunca debería existir esta palabra, porque la verdadera amistad nunca admite ofensas. Espero verte pronto. Por el momento, te deseo mucha felicidad y bienestar para todo los tuyos. Se despide tu amigo de siempre, y tu servidor de toda la vida: William Weevil. Posdata: Espero que en tu respuesta me cuentes algo de tus hijos, no creas que sólo te he escrito para que me colabores, sino que también sabías saber de ti y de los tuyos, y, a la vez, comunicarte la decisión de mi pronto viaje a Colombia, asunto que, lo sé muy bien, te agradará.

 

Páginas: 1 2 3

Deja un comentario