DEFINICIÓN Y CONCEPTOS SOBRE LOS NOMBRES Y CULTURAS DE LOS LLAMADOS ARIOS Y SEMITAS
INTRODUCCIÓN: EL ORIGEN DEL TÉRMINO ARIO
A consecuencia de cierta curiosidad morbosa por la utilización de la expresión “ario” durante el Social Nacionalismo, han resultado una serie de mitos acerca del pueblo caucásico. Por ejemplo, el querer expresar que aquellos arios eran una verdadera cultura superior, por encima de los indoeuropeos posteriores de Persia, India y Babilonia, o de los indoeuropeos romanos y griegos, quienes, en definitiva, sentaron los fundamentos de la actual cultura occidental, que de por sí no tiene nada de perfecta, sino que, más bien, adolece de valores, fundamentándose especialmente en el concepto de un Estado Comercial subyugante, déspota y arbitrario, sustentado en las normas creadas por quienes más riquezas poseen. Fueron los pensadores nazis quienes crearon ese concepto errado de describir a unos seres superiores física, mental y culturalmente, discriminando hasta el punto de intentar el exterminio a quienes, sin ninguna comprobación científica, pertenecían a otras etnias. Fueron esos mismos pensadores quienes crearon el concepto de raza como un dogma, llegando hasta el punto de asegurar que los supuestos arios de su imaginación ya no eran una raza, sino una nueva especie excelsa llamada a dominar el mundo en manos de sus descendientes, es decir, de los alemanes puros o teutones. Así que los demás pueblos, por consiguiente, pasaban a ser razas inferiores física, cultural y mentalmente. Esos pensadores nazis se abrogaron un derecho de exclusividad obstinada e intencional para pervivir en el tiempo como absolutos dominadores, sin siquiera contar con las otras razas, a las que no solamente se debía discriminar de todas las actividades del Estado, sino que debían exterminarse de la faz de la tierra. (Véase el artículo "¿De dónde eran los Arios?)
A consecuencia de lo anterior, ese ánimo un tanto malsano perduró hasta nuestros días, y con curiosidad novata nos proponemos averiguar más acerca de los “arios”, aquel pueblo superior, que los nazis ingenuamente y en contra de todos los argumentos históricos, pretendían rescatar para hacerse ellos mismos “verdaderos arios”, los superhombres. Por eso el nombre de “arios” empezó a tener una connotación especial, fuera del contexto histórico. Por aquellas piezas difuminadas que arman el rompecabezas de la historia, no sabemos exactamente cómo fue que esa etnia caucásica se denominó a sí misma, y el único indicio se tiene en los Vedas en donde se habla de los aryas venidos del Septentrión. Se ha hecho la traducción del término como "noble", entendido, más bien desde el contexto occidental en donde dicha acepción tiende a definirse como algo "superior". Se cree que “arios” fue el endónimo que ellos utilizaron porque los indoeuropeos que migraron a Persia, India y Mesopotamia se denominaron así o de una forma similar, de aquí el término pasó a otras lenguas, más no estrictamente el concepto de un determinado pueblo, presumiblemente venido de las estepas europeas o del sur de Asia Central. Centenares de investigaciones y de exploraciones arqueológicas han tratado de desenterrar a los antiguos caucásicos, término que se aplicó por los investigadores históricos a ciertos pueblos que en la antigüedad habitaron el Cáucaso, el estrecho comprendido entre el Mar Negro y el Mar Caspio, y de quienes se cree que fueron los arios primitivos. Realmente, las investigaciones solamente han encontrado aproximaciones acerca de estos pueblos primitivos con los “arios” míticos que la tradición occidental ha instituido, olvidándose que la evolución de los pueblos va a la par dentro de cierto rango de acontecimientos y del uso de las herramientas (inicios de la tecnología). Ciertamente que una serie de pueblos con características físicas especiales y con una cultura bastante retrasada para su posible época, se ha descubierto que existió en el Cáucaso; de ahí para adelante son presunciones ideológicas, hipótesis históricas que, paradójicamente, se han estructurado a través de la lingüística. De tal suerte que “indoeuropeo” tiene más un significado lingüístico que geográficamente histórico, mientras que “ario” es apenas la idealización de un concepto de seres humanos superiores, llamados a dominar el mundo por sus supuestas calidades excelsas, que, por supuesto, no pueden existir por fuera de la especie humana. El término exónimo de “indoeuropeo” hace referencia a un conjunto de pueblos, más o menos con las mismas condiciones físicas y culturales, que llegaron desde el norte, presumiblemente desde las regiones aledañas al mar Caspio, a India, llevando consigo sus costumbres y cultura bárbaras, aprendiendo de los pueblos conquistados saberes y comportamientos especiales, que bien pudieran definirse como más elevados, más no superiores. Este crisol de la historia, en donde se mezclaron los indoeuropeos con los pueblos nativos, es el que dio surgimiento a la cultura moderna, especialmente la llamada “occidental”, un término que considero un poco discriminante, porque esos “occidentales” se consideran superiores a las demás etnias y culturas, cayendo en las premisas de los “arios” mitológicos del dominio guerrero, ante todo, para fundamentar, como ya se dijo, un Estado cicatero, puesto al servicio de las clases más poderosas, siempre. Cubierto por una serie de sofismas, de mamparas ideológicas y de un efecto placebo, los “arios”, (más bien diríamos indoeuropeos) crearon ese concepto que tan maravilloso y ensalzado se presenta, llamado pomposamente y con orgullo occidental “democracia”, pero que no es más que la forma de instituir las premisas del dominio y la explotación del hombre por el hombre. Aunado a ese concepto de democracia, palabra mágica, se colocaron las no menos espléndidas adendas de tecnología, progreso y ciencia, la Santísima Trinidad del Capitalismo.
Las condiciones del entorno determinan, como es bien sabido, los aspectos físicos de los seres vivos, de los que el ser humano no puede escapar. De por sí solas, las condiciones del entorno no determinan las condiciones culturales, sino que apenas son un componente junto con otros aspectos que crean la condición cultural. Por eso, es atrevidamente racista decir que hay razas superiores a otras, y más indigno es discriminar a otros pueblos por su aspecto físico, ideológico o cultural. El ser humano en sí, tiene patrones únicos de comportamiento, lo que determina su forma de actuar en el entorno, con sus semejantes y con las demás especies. Los pueblos apenas poseen variantes de esos patrones comunes al ser humano, y es por tal motivo que técnicamente los humanos somos una especie “única”, diferenciada por su condición racional de las demás especies vivas. El resto son apenas prejuicios que se utilizan a favor de las ideologías que pretenden un fin determinado y que van en contra de la “realidad biológica y existencial”.
Así que, armando el rompecabezas, los investigadores han moldeado la forma de vida de un pueblo al que, por fuerza de la tradición, se denominó indoeuropeo, y que por fuerza de las ideologías totalitarias que predican la superioridad infame de un grupo de hombres, rescató un término difuso de entre la mitología de los persas, indios y mesopotámicos, olvidando que aquellas culturas fueron sumas de una “babel” de diversos pueblos que confluyeron a estas regiones en búsqueda de riquezas y posesión. La riqueza, además de generar potosí para unos pocos, crea miseria par los más y, paradójicamente, intituye la cultura y el concepto de civilización. Los invasóres, llámenese como se llamen, fundamentaron la superioridad bélica ante la superioridad intelectual y se enfundaron el funesto traje. Con un poco de desazón, no nos queda más que asegurar que los “arios” idealizados por los pensadores nazis, y que con cierta persistencia y admiración han pasado al ideario común, no son más que el producto de la mente calenturienta de unos pocos desadaptados en aras de intenciones nada santas. Empero, investigadores con ánimo serio, sin ninguna intención de poder, han logrado establecer unas pautas comunes de los pueblos caucásicos, a quienes bien se les puede denominar “indoeuropeos”, pero no estrictamente “arios”, pues como veremos más adelante, el término no es más que el producto de la mitología de determinados pueblos; obviamente que entre las culturas antiguas, la mitología era la forma de expresar, desde su punto de vista muy particular, la propia historia, por supuesto que se idealizada con sesgos de superioridad ante los demás pueblos. La Biblia, por ser el libro de mayor difusión en el mundo a consecuencia de los indoeuropeos romanos, no es más que la visión general mitológica de cómo el pueblo hebreo se vio a sí mismo como cultura y cómo actuó o quiso actuar ante los pueblos circundantes en medio de ese afán de establecerse en determinadas tierras, Palestina, por ejemplo. Las mitologías de los pueblos, además de fundamentar su identidad nacional (dicho de donde se nació y entre quienes se nació), también sirven para justificar sus actos ante los pueblos extranjeros, incluyendo los de la conquista y la guerra.
El término “indoeuropeo” no es más que otro capricho ya adoptado férreamente por los historiadores, puesto que la palabra se ha formado con indo y europeo, para hacer referencia de manera especial al pueblo presumiblemente europeo que llegó a la región del río Indo, mientras que pareciera que los otros caucásicos que emigraron al Mediterráneo, a la península de Anatolia, a Persia, a Mesopotamia, en donde contribuyeron a formar culturas relevantes en compañía de los autóctonos dominados, no pertenecieran a esos indoeuropeos que llegaron al actual Pakistán. Ahora, algo que parece desmoronar la creencia de los “arios” como pueblo estructurado, es que los pueblos de la Europa bárbara, a pesar de hablar lenguas indoeuropeas y de tener costumbres bastante similares, no fueron más que tribus, eso sí con ánimo bélico y conquistador, que también en sucesivas oleadas deambularon por Europa Septentrional. Se debe recordar que estas tribus germánicas (como fueron llamadas por los romanos, porque luchaban como hermanos), comenzaron su etapa de civilización hasta que fueron absorbidos o integrados al Imperio de Roma. De todos estos pueblos, el único que se considera pudo haber tenido una cultura algo elevada, fue el de los celtas. Sin embargo, no hay una explicación certera para contestar el por qué unos indoeuropeos crearon civilizaciones admirables, mientras que otros, quizá los más puros porque no se mezclaban con otros pueblos, permanecieron a contrapelo de la civilización. Un hecho coincidencial en los indoeuropeos fue que llegaron a tierras cercanas al mar y que se mezclaron con los pueblos autóctonos, que no siempre eran caucásicos. En Mesopotamia la mezcla con los sumerios y los semitas, ya se ha corroborado, dio origen a una admirable civilización entre los ríos Tigris y Éufrates que desembocan en el Golfo Pérsico. En Persia, el actual Irán, la cercanía con el Golfo Pérsico fue decisiva, mientras que en India se asentó una gran cultura en las márgenes del río Indo que desemboca en el océano Índico. Tampoco se debe pasar por alto que Roma y Grecia fueron cercanas al mar. Esto bien lo podríamos denominar como culturas hídricas.
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