A petición de muchos internautas, he colocado una adenda a esta entrada, ya completa, por ahora. El apéndice está puesto en la hojas 2 y 3 de este documento, al final, ¿no? Gracias por interesarse en el tema, esperando que le saquen algún provecho.
Presentamos más de 300 raíces griegas, escritas con el alfabeto latino para su mayor comprensión, entendiéndose que, por supuesto, la grafía y la fonética es aproximada al griego y más concordante con el castellano. Recordemos que cuando tratamos de conocer acerca de los sonidos y de las grafías, solamente podemos aproximarnos a ellas desde un contexto idiomático específico, en este caso el del español. Las lenguas que pretenden ser universales, suelen escribirse y pronunciarse de acuerdo a los idiomas natales, de ahí las variantes que han dado orígenes a nuevos idiomas. El latín, por ejemplo, sufrió una metamorfosis dimanada expresamente de la soldadesca y de cómo los nativos de ciertas regiones conquistadas por los romanos entendían, pronunciaban y, más tarde, escribían aquella lengua tildada de vulgar que dio origen a los idiomas romances y que muy poco tenía que ver con el latín culto. La mayoría de los términos científicos son nuevos en castellano y fueron adoptados de manera especial, muchas veces sin pleno conocimiento del griego, especialmente por el griego antiguo, por el lenguaje científico y filosófico; entonces estaba de moda crear neologismos de origen griego que se incrustaron férreamente en los diversos idiomas indoeuropeos, entre ellos el español. Así que utilizando hasta dos o más palabras griegas, se formaron los nuevos términos, como ese de Filosofía (amor al saber), Hepatitis (inflamación del hígado), Mesopotamia (en medio de dos ríos) y los términos finalizados en logía (tratado, estudio), entre otros. Todo esto es un aporte idiomático de una época técnica y científica, herencia de los grandes inventos de la humanidad como el teléfono (sonido de lejos) o acerca de la cosmovisión (una visión del mundo, especialmente futurista).