UN MODELO DE EXCELENTE GOBIERNO POPULAR Y ANTI DEMOCRÁTICO
Uno de esos genios realmente excepcionales, y que suelen aparecer muy de vez en cuando en la historia, fue José Gaspar Rodríguez de Francia, conocido más como el Doctor Francia. El doctor Francia era poseedor de una inteligencia aguda, de un pragmatismo excepcional, de una ética envidiable, de una visión extraordinaria y, sobre todo, de una honestidad a toda prueba, de la que adolecen aún nuestros más insignes gobernantes. Sin embargo, la burguesía latinoamericana no ha hecho sino despotricar en contra del Doctor Francia, sencillamente, porque él representó la pulcritud del poder, sin los vicios horrendos que se esconden detrás de los postulados hermosos de la democracia.
A todas luces, es interesante analizar el modelo “dictatorial” que ejerció con rigidez, ética, moralidad, compromiso y austeridad el doctor Francia en la naciente República del Paraguay. Si bien es cierto que su gobierno fue totalmente antidemocrático, su modelo fue eminentemente popular con visos decididamente equitativos, como para no mencionar la horrenda palabra “comunismo” que tanto asusta a los pulcros demócratas. La democracia, así sea llamada “el mejor modelo de gobierno”, no es más que un sistema decididamente inmoral que bajo la mampara de la “igualdad”, solamente está al servicio de los poderosos, de las oligarquías. Tristemente las dictaduras, en su mayoría, se han convertido en la manera de enriquecer los bolsillos del dictador y su corte de secuaces, asunto que no sucedió en lo más mínimo con el Doctor Francia; así que esta dictadura, realmente no podría ser catalogada como tal, con la misma connotación despótica del resto de dictaduras Latinoamericanas. Ahora, los dictadorzuelos de pacotilla se esconden con desmanes taumatúrgicos entre los ropajes hipnóticos de la democracia, haciéndose los demócratas pero siendo, realmente, los dictadorzuelos que pretenden únicamente perpetuarse en el poder a base de artimañas, y de esa herramienta que les da la democracia de poder modificar las constituciones a dedo, amparadas por la taifa de malsines que los secundan en los parlamentos. (más…)