Hola, amigas y amigos cibernautas, hermosa gente que pasea por el espacio virtual, descubriendo paulatinamente las sandeces de todos los humanos, que son nuestras propias sandeces.
Saludos afectuosos en donde subyace un mundo sin mayor afecto, en donde la ternura solamente parece un gran defecto.
Saludos cariñosos en donde la infamia mata sin dilaciones el cariño, pero en medio de las atrocidades del destino tratamos de sobrevivir, exprimiendo con esperanza el fruto seco de donde pretendemos extraer unas gotitas de felicidad, haciendo la vida más sobrellevable y los minutos más placenteros, aunque después nos causen perenne dolor.
Saludos a todos y a todas, viejos amigos que desde la distancia desconozco, pero que con ahínco me acuerdo de ellos y de ellas, y saludos especiales a los que con sorna, con desprecio o con vana indiferencia se han metido a este sitio a escudriñar el fastidio.
Saludos a todos, porque nos toca saludar, agradecimientos a quienes, por una o por otra razón, han visitado esta covacha náutica llamada AlcorQuid, pero que a mí, al menos, me hace muy feliz, pues me rompió el sueño de hacerme escritor en el silencio de mis diatribas.
Bueno, después de este corto saludo, paso a comunicarles lo que he preparado en esta entrega, no sin antes felicitarme por estar cumpliendo ya el cuarto mes de mi navegación por entre la mar de la tecnología, que además de hacer gente apática y hasta perversa, hace gente curiosa que desmiembra la queja y la realidad. A veces me siento navegando entre el fastigio de una tormenta marina en un barquito de papel, mientras a mi lado pasan los enormes y luminarios buques del poder, la fastuosidad y hasta de la trepidante ignominia, lanzando sus proyectiles mortales desde los fanales de lo infausto. (más…)