Indudablemente quea través de toda la historia del hombre, éste de forma vehemente se ha preocupado desde diferentes ópticas por el origen de las cosas y de su propio ser, tratando de desenmarañar los secretos de su entorno, de su vida y de la constante relación entre uno y otro. Esta constante se ha demostrado desde las culturas más antiguas, incluyendo a las prehistóricas, es decir, desde el momento en que el sapiens adquiere la capacidad del razonamiento abstracto. El deseo de justificar la existencia y esencia de las cosas, siempre ha tenido una respuesta, que aunque no es, de ningún modo, definitiva, cumple con las expectativas y tranquiliza al tener una respuesta inmediata. Obviamente que estas respuestas inmediatas, aunque se pretenda, realmente no son verdades inamovibles, sino que dentro del proceso intelectivo, se aceptan modificaciones y hasta nuevas respuestas diametralmente opuestas a la inicial. Es probable que el mito cosmogónico, aquél que se refiere a la creación del Universo, haya sido desde tiempo remotos una de las cuestiones esenciales en el devenir humano, para tratar de explicar su existencia y esencia dentro de la creación. En consecuencia, el mito cosmogónico ha transitado desde los relatos más ingenuos y bellos literariamente, como un homenaje a la imaginación humana, llegando hasta los lindes de la propia ciencia cosmogónica, que ha elaborado la hermosa teoría del Big-Bang ,sobre todo para quienes presumen de ateos,con la que pretenden convencernos, al igual que el mismo relato bíblico, que es una cuestión apodíctica, ya resuelta, ya definida, hasta el punto de convertirse en un dogma científico, que tiene que ser aceptado para no contradecir las verdades científicas, que tanta investigación y tiempo han demandado.
El hombre antiguo poseía, como es natural, una visión muy limitada del mundo, llegando a deducir que simplemente era su entorno próximo, con algunas montañas, algo de mar, unos ríos, algunos lagos, un desierto, pero, ante todo, había un elemento común que compartían sin importar el lugar del mundo en donde habitaran: el firmamento, ni más ni menos. Esta relación de sapiens-entono y de entorno-sapiens se convierte en el germen que da origen al mito cosmogónico a través del intelecto humano. Lo primero que acude a resolver las respuestas sobre el mundo, es la sensación inmediata, la misma que se percibe durante la cotidianidad. La tierra parece plana, entonces, es plana, pero contrariamente a ésta, el firmamento es como una cúspide, con cuerpos celestes que le dan la vuelta a la tierra. Allí, en esa sensación y percibir primarios comenzaba la definición de ¿qué es el mundo?, y, subsecuentemente, a preguntarse ¿cómo se originó ese mundo? Porque todo tiene su origen y su fin, así como el día despunta al amanecer, pero muere al atardecer para darle paso a la noche, que también sufre un proceso repetitivo o cíclico. El ser humano primitivo, animista prístino, se le antojó que todo poseía vida; y no estaba equivocado si argumentamos que la energía es la forma de vida del Universo. Muchos mitos imaginan al Universo como un gigantesco animal vivo, en donde cada órgano, a pesar de ser independiente, depende el uno del otro: el todo dividido, pero siempre todo. Cuando el sapiens en medio de su devenir cotidiano observaba que los astros se movían invariablemente a través del firmamento, imaginó que estos entes astrales eran seres vivientes y que, como el hombre mismo, tenían la capacidad de pensar y de decidir. La tradición contaba que el sol, la luna y las estrellas siempre habían estado rigiendo el firmamento, por lo cual se llegó a deducir que los astros eran eternos, una cualidad que los humanos no poseían. Además, extraordinariamente, poseían el don de la ubicuidad, pues se les veía en todas partes al mismo tiempo. Si estos seres astrales eran eternos y capaces de pensar, entonces eran seres superiores, no sólo por estar arriba en el firmamento; además, poseían una cualidad que no tenía el sapiens: eran seres resplandecientes. Así que los astros comenzaron a ser denominados seres resplandecientes, y comenzaron a denotar superioridad. Todo indica que la raíz antiquísima div, de origen indoario significaba resplandor, y que de aquí se derivaron las subsecuentes denotaciones de divinidad[1]en otros idiomas.
Acontecía que los astros resplandecían en menor o mayor intensidad, muchas veces sin importar su tamaño. La luna, entre nosotros femenina pero entre los semitas masculina, tenía un tamaño similar al del sol, con un resplandor suave que permitía observarla directamente, mientras que al astro rey, no. Lo más sorprendente era que la luna cambiaba de forma regularmente, generándose así una forma de medir el tiempo. El sapiens descubrió que los astros, de una y otra forma, influían en el entorno próximo y aún en sus vidas, llegando ulteriormente a fijar sus destinos dependientes de los seres resplandecientes, poderosos y eternos.
La señora Weevil ha bajado por las escaleras al sentir el repicar del timbre con una insistencia poco cotidiana. Está en bata, con el pelo en un terrible desorden cataclísmico. Se mueve como un hipopótamo, y sus ojos celestes, apenas titilan entre las primeras luces del día, escudriñando la claridad. Mira por el ojo mágico incrustado en la puerta. Ah, el doctor Worm. Se inclina con una venia de antelación y mueve el picaporte para hacer girar la hoja de madera que la separa del doctor Worm. Buenos días, palabrea sin dificultad el rubio doctor Worm tras sus lentes de dinosaurio. Ajá, carraspea la señora Weevil, lo estaba esperando, doctor, y qué pena que me haya encontrado en bata, de verdad que mis quehaceres domésticos no me han dado lugar para arreglarme. Pero, no tiene por qué apenarse, repone el frío doctor Worm, he asistido a escenas más terribles y trágicas. La señora Weevil sonríe con cara de ofuscación mal disimulada, y sus carnes espontáneas y flácidas se echan sobre el sillón envejecido recientemente de la sala. Bueno, señora, ¿y cómo va su esposo?, indaga maquinalmente el doctor Worm, ajustándose con sus manos de gorrión el nudo de la corbata. Está peor, no quiere mejorar, por las noches no hay quién lo aguante, doctor, toda la noche hablando y hablando, imagínese lo horrible, doctor. Suda como si estuviera debajo de la ducha en todo momento, se mueve como si los mosquitos estuvieran picándolo, grita, jadea y, lo peor… lo peor, doctor, ni siquiera se digna mirarme. El pobre Cap quiere morirse de física locura, no hay palabras ni método que lo puedan reconfortar. Imagínese, doctor, es un pobre fracasado, yo lo entiendo, a cualquiera le puede suceder después de lo que le ha luchado, porque, eso sí, ha luchado y luchado y nada, como si nunca moviera un dedo para superarse. El doctor Worm suspira y hace cara de atento y preocupado, es más, de condolido por las palabras que brotan como erupciones volcánicas de la descolgada garganta de misis Mary Fox. Créame, doctor, continúa con su tragedia la señora Weevil, mientras se acomoda el pelo enchurcado, esto me tiene abatida, preocupada, ya no aguanto más lo que le está pasando al pobre Cap, y todo esto le sucede por ser un hombre inteligente, de aspiraciones, suspira lánguidamente la señora Weevil, la gente inteligente, la que vale la pena siempre, sufre y vive llena de insoportables vicisitudes, y cuando fracasan, miren lo que pasa, doctor, enloquecen, se portan peor que niños. Ah, todo el día se la pasa hablándome de sus aventuras, de las que hizo y de las que nunca ha hecho, y, como si fuera poco, no come nada por estar pensando quién sabe en qué. Imagínese, doctor, si el pobre Cap ha pensado en ir hasta la misma Luna, hasta la misma Luna, qué disparate, yo trato de ser comprensiva y de llevarle la corriente, pero siento que me contagio con su vagabundo desquiciamiento. A ratos siento que voy a terminar como él, hablando y hablando, moviéndome por la casa como un reptil, sin hacer nada. Vea no más, doctor Worm, el estado en que se encuentra esta casa, sucia, desordenada, envejecida, con las flores muriéndose de desdicha, los rincones adornados con telarañas e invadidos de polvo, como en una película de terror y como si no existiera una mano bondadosa que moviera esto o aquello para hacer el aseo. Si todo esto sucede en este manicomio súbito, estando yo bien, ¿qué podría ocurrir si estuviera en las mismas del desquiciado de mi marido? Gracias al cielo que no hemos tenido ningún hijo o, mejor, el pobre Cap no puede, si no, esto sería algo más terrible que el mismo infierno con su Satanás y toda su infernal corte. Eso de los hijos, creo que es culpa del pobre Cap… imagínese, hace las cosas sin ganas, sin deseo, se monta como por no dejar de montar, doctor, eso así no da resultado, hay que aplicarle amor, pasión, deseo, todo eso, usted sabe, doctor.
Queridosy queridas cibernautas, reciban por medio de la presente un cordial saludo, esperando que se encuentren bien, especialmente en los aspectos profesionales y emocionales, sobre todo. En esta vida tan agitada, con marcha tan abrupta, lo único que se puede desear, al menos, es que las dificultades no sean tan abruptas.
Como se habrán dado cuenta, he quitado del blog “La Ley de los Caballos”, pero esto no implica que quienes están interesados en conocer las intríngulis de la violencia colombiana, no puedan acceder a este trabajo, debidamente investigado por varios años de paciente vagancia intelectiva. También he quitado el relato “Eres mi pastor”, pretendiendo el mismo fin.
He abierto una nueva categoría, a la que pomposamente he llamado “Biblioteca”, con el fin de poner a disposición de mis amigos y amigas, tal como decía el presidente Lleras, algunos escritos en formato PDF, cuya finalidad es que se pueda tener acceso a ellos fácilmente.
Como la vida del mundo virtual, a la hora del té es fácil y hasta amable, la idea es entregar los libros gratuitamente, pero, infortunadamente la vida física es dura y exige algunos denarios, al menos para pagar el dominio de este blog, solamente he decidido que, así como dicen en los buses de servicio público los vendedores y rebuscadores de la vida urbana, pedir lo que buenamente les dicte sus corazones, es decir, un óvolo voluntario, que sabré agradecer.
Envíenme un correo a mariobermudez@alcorquid.com, diciéndome qué libro desean y, sin importar el tamaño del óvolo, se lo envío a su correo para que lo descargue, con la esperanza de que lo lean y que, al menos, despierte algún interés y un mínimo reconocimiento a la labor de un pedestre solitario entre la selva inhóspita del inerme cemento, que le dio, en medio de su locura, por meterse en estos vericuetos, a veces ingratos, pero definitivamente reconfortantes al momento del inventario.
Así que les estoy invitando para que entren a la nueva categoría, y vean lo que les ofrezco, por ahora.
1.LA LEY DE LOS CABALLOS: Relato histórico, en donde se trata la historia de la violencia colombiana, con la Guerra de los MilDías, como eje fundamental, de la violencia colombiana en el siglo Decimonónico hasta la caída del la Hegemonía Conservadora, paradójicamente, a través del voto y no de las guerras civiles. (317 páginas)
2.ERES MI PASTOR: Un relato que, personalmente me conmueve, porque en el momento en que leí el caso clínico, no pude más que aterrorizarme inicialmente, pero después fue capaz de hacerme poner los pies en la tierra ante un problema que es más frecuente de lo que podemos imaginarnos. (50 páginas)
3.LOS ÁNGELES NUNCA MUEREN: Es una porquería de relato que, evidentemente, no lo recomiendo, pero ahí está por si a alguien le abre el cántaro de la curiosidad. Es como un hijo de uno, a pesar de lo feo, es su hijo amado, y ya… ¡Vainas y desquiciamientos que se le ocurren a uno! (86 páginas)
4.CONVERSACIONES EN EL JARDÍN DEL ABANDONO: Cuando unos se las da de poeta, escribe los supuestos versos hasta en una servilleta; esa manía antiquísima, y no precisamente producto de mi ingenio, no se ha perdido, solamente que de el papel arrugado y del puño y letra nerviosa, pasan orondos y festivos a la computadora en forma, no sé si en esencia, de poemas. Esta vez le hice énfasis a los versos con tinte erógeno. Son cincuenta poemas en 65 páginas
5.CATECISMO PARA UN BURGUÉS: Este sí lo recomiendo, y hasta sin necesidad de óvolo, lo puedo enviar. Al fin y al cabo, parece un folleto, porque eso es, inacabado, en donde, con pseudónimo y todo, me dio por plasmar algunas ideas, no sé si vestigios de mi pasado estudiantil, o remanentes de una realidad que quiere sir signada como espuria. Bueno, de burgués no tengo ni pizca, eso sí muchísimo de vagabundo alternativo, criado y vivido entre los cerros del suroriente bogotano, con más aspecto de rolo arriero de mulas que cargan algo de ilusión y algo de esa expresión diaria del sentir cotidiano y anodino, lo que me imprime autoridad para escribir, basado en la evidencia de mi entorno.
Por otra parte, deseo comentarles que en ese arrebato de juventud y de esas ganas de querer ser escritor, me metí en la grande por allá en 1986… ¡Bastante tiempo!, y comencé a escribir algo quijotesco, que al final quedó plasmado entre un cartapacio que con el correr del tiempo, sus hojas se amarillaron sin que pudiera “auto terminarse” el proyecto que iba más allá de donde mi imaginación podía. Sin embargo, por estos días decidí digitalizarlo y hasta enviarlo a un concurso, pero no gané sino la pérdida del correo; eso no garantiza que sea, a la hora de la verdad, tan malo como tampoco que sea tan bueno… Y como Internet es para hacer realidad virtualmente los sueños físicos imposibles, publico el primer capítulo de “Cap Manché y la Esmeralda Legendaria”. Quería que fuera un escrito de aventuras fantásticas, pero quedó como una crítica mordaz y una fotografía de la realidad colombiana, que como siempre se ha dicho, parece una obra de ficción. Veré cuántos capítulos publico en el Blog, pero la idea es tenerlo, también, como libro en PDF, con óvolo, no óvulo, y todo.
Por último, me siento reconfortado y hasta eufórico porque AlcorQuid ya cumple sus dos primeros años en la red, y porque las visitas han sido significativas para este tipo de Sitios. Gracias, y esperaremos ver qué se puede hacer más. Eso sí, los artículos y las bitácoras, permanecerán ahí, porque en algo han contribuido.
Les recuerdo que pueden hacerme sus solicitudes y comentarios, si no desean realizarlas directamente en la página al correo electrónico: mariobermudez@alcorquid.com
A los mortales, ilusos pastores y peregrinos del conocimiento, a los que heredamos una lengua llamada castellano, porque nació en la hidalga y señorial Castilla, en España, y que hoy día, ampulosamente, se denomina español, nos enseñaron desde que con ilusión aprendimos la nuevas letras, que nuestra lengua es hija del latín, una lengua extinta que unos señores guerreros y conquistadores, de origen indoeuropeo, quienes habitaron inicialmente la provincia del Lacio y que conformaron el más portentoso imperio desde lo alto de las siete colinas de Roma. La mayoría de hispanohablantes no sabemos que esta amada lengua, porque nos enseñan a amar lo que heredamos por los caprichos incomprendidos del azar y del destino, es una lengua espuria; bueno, esto parecería una blasfemia, pero en realidad no es más que la pura verdad en su crisol resplandeciente.
No en vano se habló del latín excelso, el de Cicerón, Virgilio y Horacio, por ejemplo, y no en vano quienes alcanzamos a oír misa en latín, nos hicimos a la idea de que aquella lengua sonora era un legado divino, primero heredada de los dioses arios jupiterianos y luego adoptada por un dios persa llamado Mitra que en un alarde dadivoso se la heredó a un emperador llamado Constantino, para que él, con todo su poder imperial, se la cediera a un dios de origen judío de nombre griego, llamado Cristo.
Pero el latín, precisamente por ser una lengua hablada por hombres, tenía en común lo que todas las lenguas que hablan los humanos: muy poco plano lógico, bastante plano racional y no menos plano contextual. Así que el latín, como cualesquiera otras lenguas, vivió entre los afanes del dinamismo lingüístico que varía, muchas veces exagerada e incomprensiblemente, de un lugar a otro, sin importar que apenas las comarcas apenas estuvieran separadas por una colina o por un río de aguas mansas. Esas variantes o fluctuantes, se fueron acrecentando a medida que los romanos conquistaban nuevas tierras, pues se descubrían nuevas cosas que tenían nombre en el idioma de los conquistados, pero que no lo poseían en latín, debiéndose adoptar la nueva expresión, algo así de lo que hoy en día conocemos como extranjerismos. De la misma manera, se adquirieron nuevos giros, nuevas acentuaciones, se agregaron letras a las palabras o se omitieron, se intercambiaron, porque la fonética nativa no era totalmente capaz de representar la fonética latina o al contrario. Los romanos impusieron su lengua y su religión, la nueva, la cristiana, pero intrínsecamente no advirtieron, como suele suceder a través de toda la historia de la humanidad, que los conquistados deformaban con su influencia esa religión y, por supuesto, esa lengua. Amén, la soldadesca tenía una jerga de grupo que también iba calando en los conquistados y que muy poco tenía que ver con el latín de Cicerón. Y como, después de todo, las lenguas, por más que existan academias y gramáticas, no tienen reglas inmotas, sino que están sometidas a la arbitrariedad del destino de los hombres, incluso a sus afanes y a sus angustias, los nativos adquirieron la nueva lengua por obligación, pero el fuste psicosocial de cada región permaneció intacto, solo que adaptado a las nuevas circunstancias.
Cierto día los vimos llegar al pueblo por entre la carretera polvorienta, cargando sus corotos en un campero viejo y crujiente, y en una camioneta verde que parecía desbaratarse por entre las piedras de lo que siempre habíamos soñado que fuera la autopista al interior, y que tanto se cansó de prometernos el señor presidente cuando apenas era candidato y quien un día llegó a Barnillo, se paseó por entre el barro de nuestras calles, se metió indecentemente a nuestras cocinas y se hizo servir café de las señoras en pocillos desportillados y desorejados, y, luego, se marchó por ese camino polvoriento, prometiéndonos, con sonrisa de ángel, que regresaría siendo ya presidente por allí mismo, pero no sobre la tierra y las piedras, sino sobre la esplendorosa autopista de la selva. Nosotros imaginamos lo mejor, pusimos tanta fe en esta obra que de verdad necesitamos, y a como dio lugar votamos por aquel hombre que nos pareció humilde y nuestro, pero, poco a poco, bajo el poder de un maravilloso olvido, nuestros esfuerzos e ilusiones fueron inútiles, porque, a lo mejor, hubo algunas otras obras de mayor importancia o porque,como ya sucedió una vez, el dinero se lo robaron entre los constructores y los funcionarios encargados de otorgar el contrato. Por eso, aquella vez cuando vimos llegar por el mismo camino a los gringos, no ocultamos nuestra desconfianza y nuestro escepticismo. Nos hemos preguntado infinitas veces para qué les podemos servir, si apenas somos una región apartada y selvática en donde nadie se va a fijar y en donde nadie va a poner sus ojos más que para obtener su propio beneficio. Siempre hemos vivido cargados de ilusiones que, posteriormente, se transforman en desesperanza y en un tedio consuetudinario. Sin embargo, aquella vez, el señor alcalde, don Anicio Cervantes, en un alarde sin precedentes y confiado de que esta vez sí se iba a cumplir, recibió a los gringos de la caravana, dos calles antes de llegar a la plazoleta central, convenciéndolos para que se devolvieran, con la promesa de hacerles un recibimiento como era debido.
―Cuando sientan la pólvora y la música, pueden entrar al pueblo ―les dijo en tono imperativo.
―¡Okey, okey, míster!―sonrió victorioso Cap Manché, moviendo su mandíbula enorme y cuadrada, fustigando entre sus muelas un trozo de chicle.
Novela de carácter histórico que trata sobre la historia de la violencia en Colombia durante el Siglo XVIII, y que finaliza con los remanentes de la Guerra del Trienio Mortal, hasta cuando concluye la llamada Hegemonía Conservadora hacia los años treinta del Siglo XX. Tiene como eje los sucesos de la Guerra de los Mil Días, haciendo evocación de las diversas guerras civiles que azotaron el siglo antepasado, y mostrando la forma primitiva y sangrienta de cómo se luchaba, azuzados por los mezquinos intereses de los partidos Conservador y Liberal, lo que en realidad dio origen a la violencia colombiana hasta nuestros días, azuzada siempre por la mentalidad guerrerista de los poderosos.
MÁS QUE UNA NOVELA, ES UNA NARRACIÓN HISTÓRICA, DEBIDAMENTE INVESTIGADA, SOBRE LAS GUERRAS DECIMONÓNICAS HASTA LA FINALIZACIÓN DE LA HEGEMONÍA CONSERVADORA
… Se faculta de forma extraordinaria al Presidente de la República para prevenir y reprimir administrativamente los delitos y culpas en contra del Estado que afecten el orden público, pudiendo imponer, según el caso, las penas de confinamiento, expulsión del territorio, prisión o pérdida de derechos políticos por el tiempo que sea necesario… Ley 61 de 1.888
Así que les estoy invitando para que entren a la nueva categoría, y vean lo que les ofrezco, por ahora.
1.LA LEY DE LOS CABALLOS: Relato histórico, en donde se trata la historia de la violencia colombiana, con la Guerra de los MilDías, como eje fundamental, de la violencia colombiana en el siglo Decimonónico hasta la caída del la Hegemonía Conservadora, paradójicamente, a través del voto y no de las guerras civiles. (317 páginas)
2.ERES MI PASTOR: Un relato que, personalmente me conmueve, porque en el momento en que leí el caso clínico, no pude más que aterrorizarme inicialmente, pero después fue capaz de hacerme poner los pies en la tierra ante un problema que es más frecuente de lo que podemos imaginarnos. (50 páginas)
3.LOS ÁNGELES NUNCA MUEREN: Es una porquería de relato que, evidentemente, no lo recomiendo, pero ahí está por si a alguien le abre el cántaro de la curiosidad. Es como un hijo de uno, a pesar de lo feo, es su hijo amado, y ya… ¡Vainas y desquiciamientos que se le ocurren a uno! (86 páginas)
4.CONVERSACIONES EN EL JARDÍN DEL ABANDONO: Cuando unos se las da de poeta, escribe los supuestos versos hasta en una servilleta; esa manía antiquísima, y no precisamente producto de mi ingenio, no se ha perdido, solamente que de el papel arrugado y del puño y letra nerviosa, pasan orondos y festivos a la computadora en forma, no sé si en esencia, de poemas. Esta vez le hice énfasis a los versos con tinte erógeno. Son cincuenta poemas en 65 páginas
5.CATECISMO PARA UN BURGUÉS: Este sí lo recomiendo, y hasta sin necesidad de óvolo, lo puedo enviar. Al fin y al cabo, parece un folleto, porque eso es, inacabado, en donde, con pseudónimo y todo, me dio por plasmar algunas ideas, no sé si vestigios de mi pasado estudiantil, o remanentes de una realidad que quiere sir signada como espuria. Bueno, de burgués no tengo ni pizca, eso sí muchísimo de vagabundo alternativo, criado y vivido entre los cerros del suroriente bogotano, con más aspecto de rolo arriero de mulas que cargan algo de ilusión y algo de esa expresión diaria del sentir cotidiano y anodino, lo que me imprime autoridad para escribir, basado en la evidencia de mi entorno.
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sueño que predice el futuro y sustenta el presente
sin olvidar el pasado.
El mito
El diccionario define el mito como: Fábula, acción, leyenda, tradición alegórica, por lo común de carácter religioso; cosa inverosímil. Implícitamente se puede deducir que el mito carece de veracidad; pero también el diccionario señala que es una fábula o alegoría, lo que claramente significa que en el fondo contiene la verdad, sustentada en la realidad de argumentos ejemplarizantes. Ahora, es bien cierto que los más grandes mitos se han relacionado con las divinidades, únicamente porque por su esencia implican un carácter demostrativo y argumental para justificar la existencia real de lo divino y de lo sobrenatural. De tal suerte se tiene que los más representativos libros se enmarcan dentro del concepto mitológico, convirtiéndose en escritos sagrados, es decir, que explican, justifican y relacionan a las divinidades y a los hechos sobrenaturales con el propio devenir del homo sapiens. Dentro de este género mítico se destacan, por supuesto, La Biblia, El Corán, El Zend-Avesta, Los Vedas, El Libro de los Muertos y El Código de Manú, entre otros. Las ortodoxias religiosas han convertido a los libros no canónicos, peyorativamente, como textos mitológicos y paganos, proclives a las malas acciones. Entre la literatura denominada profana, se destacan principalmente La Ilíada y La Odisea, de Homero, que narran las perennes guerras entre los hombres, pero en donde los dioses y semidioses intervienen abiertamente. Cabe anotar, que los libros de carácter mitológico fueron vistos, desde una cosmovisión primitiva, como la manera de interpretar la propia historia de los pueblos, debido al carácter mágico de la psique humana.
En consecuencia, el mito es una tendencia constante en la que el homo sapiens diviniza una serie de hechos naturales, para lograr magnificar e interpretar su sentido histórico, antes que todo, a su pueblo, sustentando el poder, la protección y hasta el castigo de determinados dioses; aún, los mismos hechos humanos adquieren connotaciones grandiosas, creando héroes, semidioses y espíritus menores, ya sea de carácter protector o adversario. Las leyes físicas quedan en un segundo plano, y se convierten en codependientes de las leyes sobrenaturales, de tal forma que, en últimas, todo tiene una explicación que depende directa o indirectamente de la voluntad de los dioses. En el mito, la realidad no es vista como tal, sino como una interpretación verídica de lo sobrenatural y de lo divino. Una clara demostración de tal hecho, aunque sucedida ya en nuestra era, fue la alquimia, que pretendía convertir los metales burdos en oro, a base de rezos, magia y ensalmos. Hoy en día, esa magia primitiva convertida en ciencia, ha logrado entender muchas leyes de la naturaleza y ha sido capaz de realizar procesos complejos de transformación en la materia, tal como lo soñaron los alquimistas, utilizando, por ejemplo, los aceleradores de partículas, que para un homo sapiens primitivo sería dios o un artilugio divino.
1.En Colombia se volvió costumbre decir, camarote por litera. El camarote, en los barcos es el cuarto en donde duermen los marinos en literas, una especie de camas de dos o tres “pisos”. También se dice celular por móvil y computador por computadora, acepción que ya está incluida en el Diccionario de la R. A.
2.A las palabras graves que terminan en N, no se les marca tilde; en cambio a sus plurales sí se les marca la tilde:
a.Canon – Cánones
b.Germen – Gérmenes
c.Imagen – Imágenes
d.Joven – Jóvenes
e.Margen – Márgenes
f.Orden – Órdenes
g.Volumen - Volúmenes
h.Certamen – Certámenes
i.Dictamen – Dictámenes
j.Gravamen – Gravámenes
k.Virgen – Vírgenes
l.Origen – Orígenes
m.Resumen – Resúmenes
n.Vejamen – Vejámenes
3.Evite decir “en la noche o en horas de la noche”, lo correcto es: de noche o por la noche. (La influencia del inglés ha acuñado la forma “en” de in the nigth, y el pedantismo, en las horas de la noche)
4.Cerner es lo mismo que cernir
5.Se dice coetáneos cuando se refiere a personas, y coevo cuando se refiere a cosas.
6.Confeti es el papel picado y confeti es un dulce de azúcar
7.Medioevo es el mismo Medievo
8.El mosquitero se utiliza para apartar a los mosquitos y el mosquetero es un soldado que iba armado de mosquetes, arma que era una especie de fusil largo que se disparaba apoyándolo en una horquilla
Juvenal, quien le hacía gala a su nombre, pues siempre era alegre, dicharachero y nos hacía reír con sus apuntes frescos, talentosos y suspicaces, se incorporó de la mesa en donde departíamos unas cervezas heladas.
-¿Y por qué te vas? ¿Tómate la otra?
- Tengo que comprar algo urgentemente –remató Juvenal en medio de una tremenda carcajada.
Apenas nos miramos los unos a los otros.
-¿Regresas pronto?
-¡No! –gritó sonrientemente, mientras con la mano derecha nos hizo pistola.
Todos nos reímos.
-Definitivamente es un fresco al que no le duele ni una muela.
-Parece eterno, no le pasan los años.
-Esa alegría permanente, ese humor continuo y la soltería lo mantienen vivo y rejuvenecido, juvenal, como su nombre.
Los vimos cruzar la calle y desaparecer con su paso alegre y altivo en la esquina.
-Ese loco ya vendrá.
Al rato lo vimos por la acera de enfrente con una cuerda en la mano. Lo llamamos pero Juvenal nos contestó que tenía prisa porque debía realizar algo urgente.
-¿De cuándo acá, Juve tiene urgencias?
Sin embargo, nuestro amigo no perdía la expresión alegre y dulzona de un rostro definitivamente feliz.
-¿Y para qué esa cuerda? –le preguntamos.
-¡Para ahorcarme! –contestó en medio de una risotada.
Apenas nos miramos entre sí y movimos la cabeza sorprendidos ante la gracia y el humor con que nuestro amigo siempre nos trataba, incluso con ese humor negro